Extinta hoguera
La penumbra como declarante próxima a la razón paralizada por el deseo; dos corazones cegados en una intención propia; los astros en conjunción llegando al clímax: entonces no existía nada más influyente en el microcosmos inmediato. Ya, un mínimo evento arrastra imágenes que impactan con nostalgia la ofrenda pactada: el soplo de un céfiro nocturno deslizándose a hurtadillas por el cortinaje; las hojas de algún persistente roble descendiendo quedas sin dirección; los gemidos de un niño desconsolado suplicando asistencia en la madrugada; todos recuerdos de un pasado pletórico de símbolos que parecen vigentes. *** Empero, atrás quedaron nuestros pies rozándose delicadamente en cruz bajo la límpida frazada, humedecida por el calor rezumado de dos cuerpos moldeados en uno. Atrás quedaron dos mundos de ensueños cuando nuestros dedos se entrelazaban delicadamente como la urdimbre en un pedazo de fina seda. Quedaron atrás mis atrevidas manos en l...