Extinta hoguera

       La penumbra como declarante

próxima a la razón paralizada por el deseo;

dos corazones cegados en una intención propia;

los astros en conjunción llegando al clímax:

entonces no existía nada más influyente

en el microcosmos inmediato.

 

Ya, un mínimo evento arrastra

imágenes que impactan

con nostalgia la ofrenda pactada:

el soplo de un céfiro nocturno

deslizándose a hurtadillas por el cortinaje;

las hojas de algún persistente roble

descendiendo quedas sin dirección;

los gemidos de un niño desconsolado

suplicando asistencia en la madrugada;

todos recuerdos de un pasado

pletórico de símbolos

que parecen vigentes.

***

Empero, atrás quedaron nuestros pies

rozándose delicadamente en cruz

bajo la límpida frazada,

humedecida por el calor rezumado

de dos cuerpos moldeados en uno.

 

Atrás quedaron dos mundos de ensueños

cuando nuestros dedos

se entrelazaban delicadamente

como la urdimbre en un

pedazo de fina seda.

 

Quedaron atrás mis atrevidas manos

en la intimidad de su cuerpo,

arrullando las sinuosas bahías

de su inmenso mar azul,

donde aletargaba mi sediento frenesí.

 

Atrás quedaron las palabras bondadosas,

dirigidas cuando el evento

planeado resultaba exitoso,

o la diplomacia, si se tornaba fallido.

 

Cualquier ángulo de la vivienda

se reflejaba en la reluciente mesa

donde tomábamos los sacros alimentos.

Ahí mismo, inmóvil,

observaba el hechizante 

semblante de sus ojos

como encuadrados en moldes de oro.

 

Cómo relegar el rústico retablo

que ensalzaba nuestro adicto rinconcito,

quizá ahora empolvado como un viejo muelle,

también firmante del roce de dos bocas

que se indagaban trémulas de emoción.

***

Hoy moldea la historia,

un corazón proscrito

abrazando las cenizas

de una extinta hoguera,

como si un rayo hubiese calcinado

todo en derredor.

***

Después de tantos mares surcados;

después de vastos viajes

cruzando valles y montañas;

después de ser tierra fecunda

y árbol creciente; mástil y vela,

todo se tornó en antítesis:

desierto y semilla; cenit y declive;

aversión y adoración.

 

¿Cómo juzgar divergencias

tan punzantes,

más en viejos lazos

edificados en el afecto mutuo?

 

Pareciera ser que la fragmentación,

tendencia singular en el ser humano

en lo interno y lo externo,

lo incapacitase de disfrutar

etapas en íntegra armonía.

***

A ti, hercúleo árbol de cas,

estas líneas rebosantes de recuerdos:

fuiste cómplice de acciones censuradas,

cuando, acariciando la

ventana del lecho conyugal,

lo abrigabas con tu denso follaje.

r.c.

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