Caos en la ciudad
Descansa musa de mis ensueños.
Debes cerrar tus
hechizantes luceros.
La bóveda celeste
se muestra inquieta
y promete lobreguez
total
sobre la bulliciosa
ciudad,
si no disimulas el brillo
intenso
que emite tu azulina
mirada.
Incompetente, la
luna pronto
aparecerá abatida
y opacos los astros,
como sentencia
en caso de tu
desobediencia.
***
Reposa dama de mis
ideales.
El telón está próximo
a subir.
Criaturas nocturnas
cautelosas,
atriles e instrumentos
en mano
ordenadas están en
el proscenio,
mas no interpretarán
partitura alguna,
si no detienes tu romanza
angelical,
cuando fantaseas cabalgando
en el lomo de tu
Pegaso.
***
Noble dama de mis
desvaríos
La velada estelar
con sus cantos, luces,
pasarelas y coreografías,
retrasada está,
pues tu esbelto
cuerpo
disimulado aún
bajo austero traje,
desconcentra a la
recelosa concurrencia.
***
Duerme dama de mis delirios.
Avanzada es la
noche
y plácida, debes dormir.
Si prolongases tu despertar,
el sol se mantendría
en poniente
hasta que no vea el
reflejo
de tus áureos
cabellos
en
el rocío de la mañana.
***
Deidad que inspiras mi
poesía:
Disimula tu magnética
figura.
Si rivalizaras con la famosa
sonrisa, enigmática y
contagiosa,
de la mujer personificada
en aquel
óleo de la custodiada urna,
podría transmutarse
repentinamente en mueca
y generar decepción en la
concurrida galería de bellas
artes.
***
Despierta mi damita indolente.
Vístete
de blanca túnica
y
ponte las esmeraldas y rubíes
que orlan tu sedoso
cuello.
Se acercan las
avecillas canoras
con sus laúdes, flautas
y arpas,
a entonar arpegios
matinales.
Cuidado si no te
ven reclinada
en la baranda del cincelado
balcón
con tu acostumbrada
silueta
principesca,
y se marchen apesadumbradas.
***
Aprisa añorada mujercita.
Renueva tu delicado
torso
con el perfume
matinal
que brota de los
jazmines
de tu vergel.
No olvides engalanar
tus dilatadas
pupilas,
cual estrellas,
con el resplandor de la
luz sonrosada de la
mañana.
Se escucha venir el día
con sus ajetreos, romances,
fábulas e insondables
misterios.
Preparada debes estar
como afamada estrella,
próxima a desfilar
por la alfombra roja,
al son de marchas y
vítores.
***
¡Oh espejismo
que clarificas mi
mente!
Detén ya el caos:
comprende que
la ciudad debe continuar
su habitual equilibrio.
r. c.
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