Pequeño cisma



De repente
se me ha eclipsado el alma.
La distingo frágil; frágil y vacía.
¿Cómo reaccionaría el vasto mar
si sus aguas serenas
fuesen cortadas
por un intempestivo bólido
una tarde plena de quietud?


***

Mi delicado retoño,
depositario íntegro de mi tenacidad,
evidencia un extraño sentir.
Sus pétalos aun dibujándose
no pueden desarrollar;
la savia no llega a sus conductos.
Una confusión en su inocente
corazón, lo impide.

***

Hasta ahora, las inconfundibles
articulaciones de su vocecita de niña,
anclaban fluidas, en aquellos
extensos aposentos
que yo le había separado
en mis entrañas.
 
En ese cofre de recuerdos,
guardaba con exclusividad todo lo suyo:
cuando estaba junto a mí, airosa,
contándome algún secretillo;
cuando, con su candor de princesa,
acercaba a mi oído su inseparable caracol

para que yo escuchara el sonido del mar;
cuando, con sus dientes de leche,
mordía por el lado opuesto
la golosina que yo degustaba;
o como aquel indeleble día,
cuando, muy asustada,
se asió fuertemente a mi cuello
al percatarse del reflejo de la luz
de las farolas en las gotas de rocío
que poetizaban las hojas
de aquel memorable cafetal.

***

Ah…Pero pronto,  
una poderosa fuerza invisible,
antagonista de la cordialidad
y la convivencia amorosa,
irrumpió en el escenario, arrodillada.
 
Celosa de esa sublime relación de afecto,
ganó espacio y se afianzó
hasta que, triunfante,
transmutó mi inseparable rosa azul;
ese mismo brote que con su candor infantil,
de la mano me guiaba por el sendero de la abundancia

y constituía mi báculo para no aferrar
mi conciencia en el dolor.
Más ahora, esa resistencia desestabilizadora
la tiene atrapada en sus mecates,
disfrazados de tersos hilos.
***
Aunque, embozada,
la espina de la aflicción penetró en mí,
¡nunca tan aguda como ahora!,
y taladró férrea mi endeble ser,
me he propuesto tolerarla;
pues si tratara de expulsarla,
sé que más se me incrustará:
“todo lo que resistes, persiste”.
Seguro, poco a poco la iré aflojando
hasta cercenar su filoso extremo.
***
Por ahora, debo aceptar
que este vínculo,
tan puro e incondicional,
haya quedado momentáneamente
en suspenso, como si se tratase de una
composición musical en gestación,
en cuyo pentagrama apareciese resaltada,
la figura musical de un
inesperado signo de silencio.
                                               ¿Cuántos compases
 durará esta pausa?
No importa cuantos.
Sé que aunque mi pequeña musa
no lo entienda aún,
ella sigue siendo mi ilusión;
yo, su espejo. ¿Si me quiebro?
***
Mi instinto me advierte que
pronto la redimiré,
ofreciéndole más ternura,
y comprensión, pero sobre todo,
dentro de esta tortura que me aprisiona,
debo tener paciencia,
en palabras del poeta:
“La paciencia lo es todo”.
***
Reafirmo que nuestras
imperfecciones humanas
no conseguirán ensombrecer
este lazo de amor.
Orientado por ensayos pasados,
sellaré el equilibrio anhelado
entre el resplandor y la oscuridad.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Caos en la ciudad

Sempiterna hermandad

La bailarina del joyero musical: drama en el escenario [1]