Enajenado
Un
mortal bacilo
se
la arrebató,
cuando
faltaban
pocos
días
para
que ambos
jurasen
fidelidad.
Para
redoblar su dolor,
la
prueba gestante:
positiva.
Desde
entonces,
errático
recorre
una
y
otra vez
las
avenidas
calles
y parques
de
la concurrida ciudad.
Como
androide,
conturbado
repite
a
toda hora
el
nombre de su amada;
el
nombre de su único amor;
el
nombre grabado
en
el reluciente
anillo
de oro
que
ahora porta
con
celo en su anular.
Instintivamente
retorna
para
buscarla,
más
de pronto
olvida
qué busca.
Se
detiene absorto.
Levanta
sus
macilentos
ojos
y
de pronto la ve
imponente,
estática
toda,
de
mirada inmóvil
y
silueta perfecta,
luciendo
un portentoso
vestido
de novia
en
la vitrina
de
la gran tienda.
Obtuso,
le gesticula.
Pareciera
decirle:
¡Pronto
seremos uno solo: Tú y yo!
Luego,
lagrimosos
sus ojos,
se
despide de ella.
Entonces
retorna
y con singular ternura,
deposita
un solo beso;
un
único y
prolongado
beso
en
el amplio ventanal.
La
gente compadecida, murmura:
¡Oh,
pobre desdichado!
Agoniza en el amor.
r.c.

Qué gran poesía. Me llegó a lo más profundo de mi corazón. Con el retoño que la madre perdió, me hizo ver la realidad de muchas mujeres que anhelan tener un Angelito.
ResponderEliminarMuy lindo comentario. Espero que sigas visitando mi blog. Saludos.
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