Al caer la lluvia


 Al caer la lluvia,

indefectible la visualizo

aquella colorida tarde

de ceremonia,

con su sonrisa de virgen primaveral

y su níveo velo de gasa,

tomada con firmeza de mi mano

y sujetándose la corona

sobre su grácil cabecita,

para sortear

los reflexivos charcos.

***

Su rostro de fantasía,

sin técnicas de retoque;

el largo vestido de organdí

orlado de perlas;

y sus blancos

zapatos angelicales, como si el

resplandor de la luna los iluminara,

todo; todo en ella se conjugaba

para distanciarse

de las deidades celestiales.

Simplemente se contemplaba agrazmente virginal.

 

Entonces, su semblante revive en el mío

y apremiante, mi alma

ya se sumerge

en un ponto de hermosos recuerdos.

***

Miro a ambos lados;

por reflejo, acreciento mis manos

pero es vana

la intención:

¿Dónde está? ¿Dónde se ha ido?

¡Cuál otro momento alardea de su presencia!

Y el eco de mi interpelación

martilla mi membranas cerebrales.

***

Sí. Se ha distanciado llevándose

la luminaria de mi incipiente proyecto,

si bien me dejó

la fragancia de su alma,

y con esto, fugazmente me alcanza

cuando presagio días de lluvia

***

Antes del solidario consentimiento,

¿Cuántas amistades nos vieron juntos?

¿Cuántos plácemes expresados?

¡Y esa luz multicolor que se filtraba

a través de los amplios ventanales,

incidiendo en las lentejuelas

de su inmaculado vestido!

Entonces:

¿Cómo justificar tanto ritual?

¿Tanto suntuoso ofrecimiento?

¡Y aquella rúbrica de aprobación!

¡Oh! Y qué argumentar cuando,

azorado, camino sin rumbo,

evitando a aquellos que otrora

estrecharon mi mano.

                  ***

Encogido, clamo por fuerzas invisibles

que instruyan a sus hijos

para evitarles ser abrasados

prematuramente en una vorágine

de censuras destructivas.

***

¡Pero qué demando yo!

¿Acaso no debo identificar

mis propias omisiones?

Sí, pero también

mis honores.

***

¿Mi sedante?

Por ventura, no estoy solo:

me asiste mi soledad;

mi inseparable y relajante soledad.

Aún en los momentos

de mayor aislamiento,

la tengo a mi lado,

sobre todo

al caer la lluvia.

***

Ah…

Y no tenemos querellas.

Priva siempre la armonía.

 r.c.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Caos en la ciudad

Sempiterna hermandad

La bailarina del joyero musical: drama en el escenario [1]