Entradas

Extinta hoguera

Imagen
        La penumbra como declarante próxima a la razón paralizada por el deseo; dos corazones cegados en una intención propia; los astros en conjunción llegando al clímax: entonces no existía nada más influyente en el microcosmos inmediato.   Ya, un mínimo evento arrastra imágenes que impactan con nostalgia la ofrenda pactada: el soplo de un céfiro nocturno deslizándose a hurtadillas por el cortinaje; las hojas de algún persistente roble descendiendo quedas sin dirección; los gemidos de un niño desconsolado suplicando asistencia en la madrugada; todos recuerdos de un pasado pletórico de símbolos que parecen vigentes. *** Empero, atrás quedaron nuestros pies rozándose delicadamente en cruz bajo la límpida frazada, humedecida por el calor rezumado de dos cuerpos moldeados en uno.   Atrás quedaron dos mundos de ensueños cuando nuestros dedos se entrelazaban delicadamente como la urdimbre en un pedazo de fina seda.   Quedaron atrás mis atrevidas manos en l...

Noche de Paz

Imagen
  Se acerca la época navideña y con ella regresan algunas tradiciones bastante adheridas en la idiosincrasia de la mayoría de los costarricenses: la elaboración del portal, el árbol de navidad con sus lucecitas multicolores, la compra de regalos, el queque navideño con frutas, algunos festivales y por supuesto el sabroso tamal de cerdo.  Además, para llenar de gozo el corazón de aquellos fieles católicos que se identifican con el mensaje de un Mesías, renace, cual ave Fénix, la música navideña: los conocidos villancicos, esas cortas melodías que colman de unión y ensueño los corazones de muchas personas, y proporciona tristeza y melancolía en otras. De los miles de villancicos que hay en todo el orbe, algunos bien conocidos son Adeste Fideles, los peces en el río, Campana sobre campana, mi burrito sabanero,  Blanca Navidad, arre borriquito, hacia Belén va una burra, el niño del tambor, Marimorena y muchos más. Siendo un poco atrevido, puesto que la mayoría de estos temas ...

Sempiterna hermandad

Imagen
  Inspirado en Anavita y Elodia Vega                                                                                                I Juntas, siempre juntas, casi fusionadas como siamesas compartiendo una sola inhalación, un mismo soplo de vida, una misma sangre.   Se consideraban, y ufanas lo decían, hermanas idénticas, con una diferencia de once meses. Once meses y dos días.   Parecían dos gotas de rocío que penden de una hoja; dos estrellas lejanas con el mismo centelleo; dos briznas de algodón blanco recién cosechado.   De las pesadas huellas que exhibían sus rostros atezados, era posible argumentar los incesantes tropiezos propios de una vida carente...

Funeral

Imagen
Una avalancha de emociones, avivó la profundidad de su ira aquella luctuosa mañana.   Conmocionada, sus ojos diamantinos como gotas de agua congelada, se clavaron en mis agonizantes entrañas.   Ante tal impetuoso trance, las estrellas se disfrazaron, y repentinamente el cielo se eclipsó para dar paso a un funeral.   Una pasión desahuciada y un juramento de unión fracturado, en él venían y no se miraban: Eran invidentes.   Cerca, muy cerca del cortejo, aquella desabrigada cabaña, testigo de frecuentes encuentros apasionados, encubierta se agrietó, no si antes ser refrendaria de dos lamentos: el de un lánguido mirlo pardo y el de un débil corazón atravesado. Mas no eran invitados…   En la lejanía, el mar ensimismado, de un tono gris como ceniza moribunda, lanzó grandes oleadas. Aguas adentro, brotaron melancólicas voces mortecinas; acaso el plañido del silbante viento:   ¡Oh! Jamás retornarán como era costumbre, entrelazadas las manos y descalzos, dibujando f...

Apología del campesino

Imagen
  i Llovía torrencialmente. La noche exhalaba un vaho glacial que crispaba los huesos del valiente campesino. La furia de los relámpagos iluminaba el desabrigado potrero proyectando enigmáticos contornos gigantescos, mientras que los truenos retumbaban en el aire. Parecía que se alejaban y luego volvían con más fuerza, en abierta competencia con los poderosos chispazos que iluminaban toda la zona. Luego, una acentuada oscuridad interrumpida únicamente a intervalos, por la luz azulada que despedían los cocuyos con su desordenado vuelo. El estremecedor ambiente no disminuía la templanza del impávido trabajador, cubierto parcialmente con una bolsa plástica para paliar las gotas de agua que, como afiladas agujas, cortaban su rostro. Portador de una extraordinaria fuerza mental, no se dejaba intimidar por las sombras de esos monstruos de mil cabezas que parecían tomar vida con cada descarga eléctrica; sobre todo aquel colosal prodigio que parecía desplazarse en esas instancias, pe...